|
RECOGEMOS ALGUNOS TESTIMONIOS ENTRESACADOS DE |
|
OFRENDA EN LA SANTA MISA DE BENEDICTO XVI EN VALENCIA
|
|
|
|
A este testimonio de Jóse, mi mujer, sobre el carácter y virtudes de Amparo, quiero añadir algunas anécdotas vividas con este ejemplar matrimonio Amparo-Fede (así le llamábamos familiarmente) durante tantos años. Yo era primo de él, pero más que este parentesco, puedo decir que era mi mejor amigo y confidente. En la primavera de 1949, él ya trabajaba en Madrid, me dijo un día: "¿Por qué no vamos el próximo fin de semana a Valencia y así conoces mejor la ciudad y te presento a mi novia? y ¡llévate la cámara de cine!". El buen lector comprenderá cuál era el motivo y deseo de Federico... Así lo hicimos y crei que fui el primer miembro de la familia que conoció a la futura Sra. de Romero. Con la cámara hicimos varias escenas en la Plaza de San Jaime. Fede, que era el "guionista" esperaba a Amparo, que llegaba tarde en tranvía a la cita. Naturalmente él le regañaba seriamente y ella por ello también tenía que poner cara seria. No hubo manera, su carácter y bondad no permitían enfadarse, ni en película... Antes de regresar a Madrid, le pregunté a Amparo qué regalo podría llevarle a mi novia; su contestación fue rápida: una medalla de la Virgen de los Desamparados. Pocos meses más tarde se hizo la petición de mano, ante la próxima boda. Fede no pudo desplazarse por cuestiones de trabajo. La realizaron mis padres (ella era madrina de Federico) a Doña Amparo Crespo, madre de la novia, en un balneario en Benasal (Castellón), donde coincidieron en varios veranos. Pero el mismo día y a la misma hora, lo celebrábamos nosotros con varios familiares y amigos en el despacho de trabajo de Fede en Madrid, acompañados lógicamente por una botellita de cava.. Transcurrieron los años, y después de nuestros enlaces matrimoniales fueron muy frecuentes nuestros encuentros. En una ocasión hubo una pequeña reunión en casa de mi hermano. Yo, reconozco que soy perezoso y poco acertado en la forma de vestirme: llevaba unos zapatos horrorosos de piel vuelta, más apropiados para el campo o la caza. Mi mujer los "descubrió" ya en casa de mi hermano y me echó una buena regañina. Amparo, que lo vio le dijo riendo: "Pero Jóse, déjale, no ves que él va cómodo y además son muy bonitos..." es decir, que una vez más, se vio la simpatía y bondad de Amparo: a nadie le veía defectos. Así la conocimos, la quisimos y la seguimos queriendo. FEDERICO DIETL (RECUERDOS Y NOTICIAS 16) |
|
Conocí a Amparo y a Federico, su marido, con motivo del nacimiento de su hija Ángeles, número 10 en la larga escalera de vástagos Romero Portilla. Me llamaron la atención sus ojos azules, profundos y serenos y una gran sonrisa que contagiaba alegría a su alrededor. Me atendió con mucha amabilidad y cariño, sin empalagos, porque Amparo era muy natural y espontánea en su trato, sabía escuchar con interés y tenía una palabra justa con un puntito de buen humor. |
|
|
|
(...) Recuerdo con especial cariño el viaje que hice a verla cuando ya muy enferma, consideré que debía despedirme de ella. Estaba en la clínica, recibiendo quimioterapia, con su misma sonrisa, dulce y cariñosa, rodeada de hijos, y supongo de ángeles. No profundizamos en nuestra despedida, para no herir a la familia, pero nuestras almas captaron el mensaje: Te quiero, tu vas a marcharte ya, yo todavía no, cuando veas a mi hijo bésale por mí, Amparo querida me voy a quedar muy sola y te voy a echar mucho de menos.- No te apenes, querida, Allí me están esperando. |
|
|
|
Conocí a Amparo el año 1949, cuando era novia de mi primo Federico. Desde entonces hasta su fallecimiento he tenido relación con ella. |
|
|
|
Conocí a Amparo Portilla en Octubre del año 1940, en el Colegio del Sagrado Corazón de Godella. |
|
|
|
Yo conocí a Dª Amparo en 1956, cuando Mari, que trabajaba en su casa, me dijo: Me voy a casar, ¿por qué no te quedas tú en la casa? Yo le pregunté: ¿Cuántos niños tienen? Cuatro, me contestó. Y yo le dije: ¡Que te crees que estoy loca! Mari me dijo: ¡Si son muy buenos! Y me quedé. |
|
|
|
(...) No he visto nunca a Amparo enfadada, jamás en la vida. La sensación no era de que luchase, de que se dominase, no era la sensación de una persona educada que se controlara, no: la impresión que daba era la de que ella era así, tenía esa bondad y por lo tanto siempre disculpaba. Cuando contabas algo de un miembro de la familia o de algún conocido, siempre encontraba la disculpa a cualquier cosa que no estuviese bien. Nunca te ponía a ti en la situación violenta de que hubieses murmurado o hecho una cosa mal, sino que trataba de disculpar y justificar al otro, dando una explicación de porqué habría actuado así. O sea, tu decías "Es que ha hecho...", y ella contestaba: "En esas circunstancias no sabemos lo que hubiéramos hecho nosotros"; o "Es que ha habido un motivo desconocido por el cual ha reaccionado así o ha hecho esto". A ti no te violentaba por estar criticando; tu habías hecho algo que no estaba bien, un comentario de critica, pero no te lo afeaba y siempre trataba de defender al otro, dando la explicación de porqué lo habría hecho, sin justificar la acción; eso era muy de ella. (...) |
|
(...) Cuando la acompañaba, me daba cuenta de que los ancianos y los discapacitados la querían de verdad; se paraba, se interesaba por ellos, los visitaba en sus casas y, aun cuando tuviera mucha prisa, siempre encontraba un momento para atenderlos. Creo que nunca tuvo un enemigo personal, porque siempre procuró que sus actos fueran hijos de la buena fe. |
|
(...) Lo que más le caracteriza es ese buscar lo positivo de las personas, y de las cosas, nunca una critica ni nada negativo (...) |
|
(...) Conocí a Amparo, cuando nos preparábamos para la 1ª Comunión que recibimos de mano del obispo auxiliar de Valencia, Monseñor Lauzurica, en la capilla del colegio de Godella el 6 de Mayo de 1932. Ella tenía seis años, yo uno menos. |
|
(...) En plena primavera, comenzando el mes de Mayo, nuestro Padre Dios quiso llevarse a Mamá; sin llamar la atención, calladamente, en la madrugada del 10 de Mayo de 1996, después de un largo forcejeo de amor entre Dios y nosotros; nosotros, por amor a Mamá, luchábamos por retenerla y Dios, por amor, tiraba de ella. Su amor pudo más y se la llevó junto a sí para siempre, donde nos espera. "Tenemos una cita en el Cielo" nos decía.". |
|
(...) Si tengo que decir algo especial de Amparo, es su preocupación por todos, esto lo digo muy fuerte, porque me parece que es suficiente para canonizar a una persona - jamás la he oído hablar mal de nadie. Si alguna vez hemos discutido - y hemos discutido poquísimo - siempre ha sido porque ella defendía a alguien. Una vez se disgustó conmigo porque critiqué a una persona, me dijo que, parecía mentira y me reprendió. Esto se me quedó muy grabado.(...)" |
|
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN ................................... Diciembre 2006 |