YO CONOCÍ A AMPARO


Empecé a trabajar con Amparo en 1951 y desde que me casé hasta ahora nunca hemos perdido el trato; por teléfono, felicitaciones de Navidad, cartas, ella siempre pendiente de mi, de cómo estaba, de mis hijos, por el trabajo de Pedro, mi marido, alguna vez la visitaba o ella venía a Borox.

Cada año tenía un embarazo, no se quejaba. En esa casa siempre había una cunita con un niño.

Me vine a Madrid, con 13 años, no sabía leer ni escribir, porque no había ido a la escuela y los jueves en vez de salir, Aurora una amiga mía y yo, nos compramos unos cuadernos y Dª Amparo nos ponía muestras y nos enseñó a leer y a escribir.

Estaba siempre pendiente de mi, era una persona que se desvivía por todo el mundo, pero -mayormente por los que estábamos alrededor suyo. Para ella todos los desconocidos eran sus amigos; para mi ha sido y es la mejor persona del mundo, a mi me ha hecho mucho bien siempre.

La sonrisa no se le quitaba nunca; estaba reventada porque hasta la noche estaba trabajando; trabajando y rezando el rosario; no nos acostábamos ninguna noche si no rezábamos el rosario, pero doblando calcetines, cosiendo, planchando, etc. No se quejaba nunca, siempre con su sonrisa.

Me acuerdo que un día íbamos las dos con dos o tres niños al médico, y al cruzar Narváez, íbamos por la calle Sainz de Baranda, en la esquina había una gitana con un niño de la mano y otro en brazos y se cayó, no sé qué tenía, si estaba también en estado: Amparo se fue con la gitana al médico y yo me fui a casa con los niños y los dos hijos de la gitana. Fueron a un hospital por Manuel Becerra y eran las tantas de la noche y no venía, hasta que no le hicieron todas las pruebas estuvo con ella, esos niños se quedaron esa noche a dormir en casa, y al día siguiente vino su padre a buscarles.

Después estuve yendo yo muchos días con una jarra de leche para los hijos de esa gitana porque me lo decía ella, -entonces todo Doctor Esquerdo era campo y había muchas chabolas de gitanos-.

Siempre decía por las mañanas: "buenos días Señor, un día más que tenemos para acercarnos a Ti".Decía esa oración, nosotros decimos, buenos días y ella decía eso, y como eso muchas otras cosas.

Porque era infatigable desde al amanecer hasta la noche, nada mas que haciendo y haciendo, porque eran muchos, y acudía a todo el mundo, estaba pendiente de todo el mundo y de todo lo que pasaba en el mundo.

Era una persona de fe, una persona que no se cansaba nunca. Era una persona que estaba mas bien relacionada con la pobreza que con eso de despilfarrar o presumir. Iba poco a la peluquería, se arreglaba ella el pelo y me lo cortaba a mi. Vivía con lo que le bastaba, se compraba tela y se hacía ella sus trajes, no se quejaba, ni de que no había; había lo suficiente, para qué más. Ella conforme. Amparo decía todos los días, que con ver salir el sol era ya suficiente, con lo que teníamos todos los días era suficiente, ¡cuantos pobrecitos quisieran verlo salir!, me acuerdo mucho de ella de muchas cosas, de lo buena persona que ha sido, y no porque se esté ahora con esto, no, es que era así de buena. Y yo ahora mismo cuando doy estampas suyas y me preguntan, por qué le están haciendo esto, respondo: porque se lo merece; se lo merecía, porque una persona que no ha rechazado nunca a un hijo, que estaba siempre con un hijo encima, tenía tanto que hacer y otro hijo, pues con eso es suficiente, una persona que no rechaza a los hijos es suficiente, y sabiendo que se los mandaba Dios. Bautizaba a los niños a los dos o tres días de nacer.

A mi todo esto me parece muy bien, pensaba que era una mujer buena, pendiente de todo el mundo que sufría, del que pasaba penas, estaba pendiente de los míos y de mi, de la gitana. Pendiente de las personas de fuera, de la calle y de las calamidades que había en el mundo. Porque no solo es rezar, es preocuparse siempre por los demás. Ella así lo hacía.

Era una persona entera, siempre con su sonrisa, toda la vida. Cuando íbamos a Valencia todo el mundo la quería, para ella no había nada imposible, todo lo solucionaba, a ella le ayudaba Dios en todo, decía.

Y cuando pasaba delante de un pobre sufría mucho y le ayudaba en lo que podía, estaba pendiente de los que tenía dentro de su casa y de los de alrededor.

El día que se murió el 10 de mayo, por la mañana fui a la misa de 9, y tomé comunión y se la ofrecí a Amparo sin saber que estaba muerta, sabiendo que estaba enferma, se la ofrecía a ella; y a los pocos días llamé para ver como estaba y me dieron la noticia de que había muerto.

Cuando le conté a Aurora lo de Amparo, me dijo: "sabía yo", eso fue lo que me dijo.

Yo todas las noches cuando me acuesto digo, ¡Ay Amparo ten cuidado de los míos!, estoy constantemente acudiendo a ella.

ALBINA GUERRERO


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