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Conocí a Amparo el día antes de su boda, en Valencia. Desde entonces he tenido una relación muy íntima, continua durante 46 años. Siempre nos llamaba hermanas, hemos tenido mucha relación.
Amparo no se hundía, Si tenía una preocupación, como todo el mundo las tiene, y algunas las tenía fuertes, las superaba siempre con alegría como si no pasara, nada. Como humana podría tener momen-tos más bajos, pero eran solamente un instante. Ante situaciones adversas siempre tenía reacciones en el mismo sentido, si Dios le mandaba las cosas, así había que admitirlas, siempre pensaba que era así y tenía que aceptarlas aunque fueran cosas malas, porque todo pasaba por voluntad de Dios. A nada le daba importancia salvo a estar cerca de Dios.
Su cara inspiraba bondad, ¡siempre tan dulce! Era muy alegre. El que estuviera siempre alegre no significa que no tuviera temperamento, al contrario, tenía una gran personalidad y carácter Tiene más mérito, se dominaba y nunca se dejaba llevar por él. Jamás ponía mala cara a nadie y su genio se lo tragaba, tendría momentos malos como todo el mundo, pero ella procuraba superarlos.
Los intereses de su vida eran sus hijos, que fueran los más felices del mundo y, sobre todo, que se salvaran todos, para ella era lo más importante, Sus intereses no eran económicos, tener más o menos dinero, siempre me lo decía. Lógicamente también le gustaba que estudiaran una carrera, que tuvieran trabajo. En la educación de sus hijos, ante todo se preocupaba de la formación religiosa, antes de cualquier otra formación (una buena carrera, etc.), y luego daba amplitud, libertad para que hicieran lo que quisieran, formaba en libertad.
Creía que todo lo que Dios le mandara sería para bien suyo. Acataba sin duda ninguna la voluntad de Dios sin oponerse. En su vida normal se traslucía su fe, al hablar de la gente, de la vida, sin criticar jamás a las personas y sin estar dando doctrina a toda hora. Todo lo disculpaba siempre.
Bautizaba a sus hijos enseguida, al segundo o tercer día de nacer, antes incluso de salir ella de la clínica.
No criticaba, nunca la he oído criticar a nadie. A veces hemos comentado de alguna persona, pero siempre disculpando las cosas que pudieran hacer los demás.
Tenía muchísima caridad, se ocupaba de los demás más que de ella; se ocupaba más de una persona cuanto menos tuviera, menos importante fuera, o más inculta o tuviera una situación social más baja. Con Fernanda (costurera que trabajó en su casa durante muchos años) cuando estaba en su casa, y también cuando iba en verano a Riaza, se ocupaba muchísimo de ella, no oía nada, era una señora viejecita, a Amparo de hubiera gustado seguir la conversación con los demás pero estaba pendiente de Fernanda, le ponía al tanto de la conversación para que no estuviera aislada. Cuando iba a Riaza paseábamos, y aunque a Amparo le hubiese gustado estar con todos, se quedaba atrás con Fernanda para atenderla y cuidarla.- También a la tía Pepita (tía de una cuñada de Amparo) que tampoco oía, la integraba en la conversación.
Ante situaciones injustas reaccionaba con energía contra ellas, si una cosa no le parecía justa, lo decía claramente.
Respetaba la forma de pensar de todo el mundo; por ejemplo, las creencias de la mujer marroquí que iba a su casa a trabajar. Pensaba que todo el mundo era igual, que merecía el mismo respeto, y que a ninguna persona había que excluirla de nada porque fuera de otra raza, de otro color o de otra religión; nunca hacía ningú n comentario racista, ni clasista ni despectivo de nadie.
Era muy recta en sus opiniones, no le hacían cambiar su opinión las circunstancias. Tenía unas ideas convincentes y justas, y no le cambiaban sus ideas el ambiente de alrededor.
Era amable con los demás, dejaba lo mejor para los otros, comida, merienda, el sitio, etc., ella siempre la ultima. Disculpaba a todo el mundo. Nunca criticaba ni ofendía voluntariamente a nadie. Era sencilla y franca, lo que tenía que decir lo decía. Perdonaba siempre, no tenía rencor por nada ni por nadie.
Afrontaba las situaciones difíciles con fortaleza cristiana. Eso no significa que a veces se disgustara con las cosas que pasaban con sus hijos, se disgustaba, pero luego las afrontaba porque tenía que ser as!. Teniendo once hijos y poco servicio, decía: "No tengo trabajo, estoy muy bien, si no es nada". Cuando se quedaba embarazada estaba contenta, decía que tendría todos los hijos que Dios le mandara.
Cuando tuvieron el accidente de coche y la escayolaron porque se rompió la columna, estaba embarazada de Miguel (su octavo hijo), y fue a la primera comunión de Asun y Amparito (sus hijas segunda y tercera). Asistió como si nada, siempre sonriente.
Era muy desprendida. Se quitaba de lo suyo, tiempo, dinero, etc., para darlo a los demás, no recuerdo nunca que ella se comprara nada superfluo.
No le gustaba que la halagasen, no presumía, y tenía motivos para hacerlo porque era muy guapa. Si alguien le decía algo agradable sobre su persona decía: "Es que sois muy buenos".
Poco antes de diagnosticarle la enfermedad, en enero de 1994, tuvimos una conversación con mi hermana, Amparo, Federico y no recuerdo quién más. En esta conversación dijo Amparo: "Dios me quiere mucho, lo se. Cualquier cosa que me mandase la aceptaría bien, con alegría, porque se que sería para la salvación de mi alma y también para la de mis hijos".
Llevó y aceptó la enfermedad muy bien, fue un ejemplo para todo el mundo. Soy mayor y por mi vida han pasado muchas personas que han tenido la desgracia de Amparo, ninguna la he vivido tan de cerca como la de Amparo, y hay pocas que la hayan admitido tan bien, la ha llevado perfectamente. Ha pensado como siempre, que era voluntad de Dios, y como era voluntad de Dios pues había que admitirlo.
Amaba la vida y a los suyos no la he oído quejarse jamás de la enfermedad. Siempre decía que estaba muy bien, estaba hecha polvo y decía: "Mira que bien estoy. No hago nada. Estoy en casa sin hacer nada, todo me lo hacen mis hijas" Bromeaba diciendo: "Si esta enfermedad me sirviera para adelgazar". Sabía todo lo que iba pasando, ella sufriría, no hay duda, porque es humano, y como era una mujer inteligente, sabía que era una enfermedad de la que no se iba a recuperar del todo, pero la ha llevado muy bien decía: "Me van a poner este tratamiento, si Dios quiere, y si no ..." Siempre lo que Dios quisiera. Daba ánimos a todos los de alrededor, en lugar de darle ánimos a ella, daba ánimos a los demás, En la enfermedad estaba pendiente de todo el mundo, como si a ella no le pasara nada.
Todo lo que puedo pensar de ella es que era buena, no tenia ninguna cosa mala, no, no le veo nada malo, y creo que eso es la santidad: ser buena toda la vida, todos los días de casi setenta y un anos, eso es lo bonito' un día tras otro. Amparo, como madre de familia, se ha portado como debe portarse una madre de familia, una esposa, una hermana, una hija, una amiga; mejor no pudo ser En todas sus situaciones ha sido lo que debe ser Considero que esa bondad, todos los días de casi setenta y un anos, siendo buena para los demás, amigos, hijos, familia, siempre, creo que esto es santidad".
PILAR ROMERO ORUETA
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