En mayo visitando
la Catedral
de
la Almudena
en Madrid cogí una estampa de la sierva de Dios
Amparo
Portilla. Un buen día me apareció un bulto del tamaño de un garbanzo en el ano, me quedé muy asustada y me acorde de
Amparo
, le pedí de corazón que me ayudase, ni siquiera fui al médico y me desapareció; prometí comunicarlo y mandar un donativo para la causa.